La inflación es un asunto para argentinos lúcidos, Por Orlando Barone
Debería llamar la atención que el Gobierno no pueda parar la inflación que los más enconados ascienden al 25 %. Y los ya desorbitados al 34%. Y demos por descontado que la diminuta inflación que dice el Gobierno es fantasía para crédulos, y para darle pasto a las fieras. Pero debería llamar la atención que la inflación no suba hasta el 15.167 % como durante 1989 y parte del noventa. Aquel 15. 167 % es inolvidable.
También lo es el antecedente argentino de inflación promedio de 100% anual que hubo durante quince años: entre los años 1975 y comienzo de los noventa. Así que es raro que ahora no haya hiperinflación entre tantas profecías que la invocan para que la gente enloquecida vuelva a vaciar supermercados. El país fue récord histórico de inflación en el mundo y lucíamos la “presea” olímpica dorada. Ahora , desafortunadamente, apenas si nos transcurre un mediocre modelo de inflación todavía insuficiente. Todos los días dale que dale alertándola y soplándola con ganas. Pero tarda en inflarse por más que la alimente el inconsciente deseo colectivo. ¿Qué le pasa? Se ve que no aspira a superar a aquellas inflaciones en que hasta los corazones bombeaban sangre inflacionada. Y llama la atención que en todos estos largos meses el costo de vida no suba hasta el ciento por ciento, por lo menos. Aunque sea para darle más excitación a la amenaza.
En vez de un 2% mensual, un diez por ciento, no?
Todavía no se la debe haber incentivado con combustible del bueno. Pero algunos paros más, alguna otra deserción por instinto de supervivencia múltiple, y algún proyecto grande bloqueado en el Congreso, podrían aportar el abono letal que todavía falta. El Gobierno debe de ser realmente estúpido que no logra acabar con la inflación teniendo tanta ayuda solidaria. Todos los días desde cada tribuna le enseñan cómo hacerlo, pero no reacciona. ¡Si es tan fácil! Los grupos económicos marcadores de precios ruegan porque la inflación pare, y así ellos no tienen que remarcar los precios haciendo tripas el corazón. Hay una receta tradicional infalible: aplicar la eutanasia y terminar con el lento sufrimiento de los de abajo. Muerta la inflación se terminó la rabia. Si el Gobierno pusiera atención se evitaría la cantinela de reproche. Y dejaría sin argumentos a la gran pitonisa, a los rebeldes de la poesía gauchesca y a los ideólogos de la revolución agraria. Y la sociedad, por si misma y por acto reflejo, mejoraría su reparto igualitario de la riqueza. ¿Qué clase de Gobierno inocuo es éste que tiene que pedir por favor a los que más tienen que no sean egoístas y les concedan algo sobrante a los pobres? La Justicia no se ruega, ni depende de la voluntad del rogado. Se aplica. Llama la atención esta inflación.
El Gobierno sabe que lo perjudica y que la sociedad pierde, pero no la desinfla. Para mi que el objetivo de este Gobierno es hacer daño.